
Desde el lanzamiento del Diploma de Sommelier ASI en 2012, la Association de la Sommelier Internationale ha ido construyendo de forma constante uno de los sistemas de referencia profesional más inclusivos y relevantes a nivel mundial en el ámbito del vino y la hostelería. Lo que comenzó como una titulación de alto nivel destinada a reconocer la excelencia entre los sommeliers se ha convertido en una escalera educativa más amplia que ahora se extiende mucho más allá de los centros de poder tradicionales de la profesión.
Las cifras cuentan parte de la historia.
Desde 2012, un total de 627 sommeliers se han graduado o han obtenido el Diploma de Sommelier ASI, incluyendo a aquellos que lo obtuvieron mediante examen y a los que recibieron la credencial por haber ganado un campeonato continental o mundial. Todos los titulados figuran por nombre y año en la página web de la ASI, lo que ofrece un registro visible de cómo se ha extendido la credencial por países, culturas y generaciones.
Ese crecimiento no es casual. Refleja una estrategia deliberada de la ASI para crear un estándar internacional accesible para la sommelier que no esté limitado por la geografía, el idioma o la situación económica del lugar donde el sumiller viva y trabaje.

Como explicó Jean-Vincent Ridon, miembro del Comité de Exámenes y Educación de la ASI y titular del Diploma de Oro de la ASI, la visión original nunca fue simplemente crear otra titulación para los mercados ya consolidados.
Más bien, se trataba de prestar servicio a países donde la cultura del sumiller aún estaba emergiendo.
«Queríamos ofrecer a estos nuevos países las herramientas y la oportunidad de formar parte de la familia global», afirmó Ridon. Esa idea se ha convertido en un elemento central de la misión educativa de la ASI.
Durante décadas, la formación oficial en enología solía concentrarse en un puñado de centros tradicionales. Un sumiller en Londres, París o Nueva York solía encontrar múltiples vías para estudiar, evaluar sus conocimientos y forjarse una credibilidad profesional. No era necesariamente así en lugares como Zimbabue, Kazajistán, Vietnam, Líbano o muchas partes de África, Sudamérica y Asia. Sin embargo, estas son precisamente las regiones donde la sommelier está creciendo ahora más rápidamente.

La respuesta de ASI ha sido crear una verdadera pirámide de progresión.
El Diploma de Sommelier ASI, lanzado en 2012, sigue siendo la credencial insignia de la organización. Es exigente por diseño, ya que evalúa no solo la teoría y la capacidad de cata, sino también las dimensiones prácticas y humanas del servicio. En palabras de Ridon, ASI sigue arraigada en la idea de que los sommeliers no son meros eruditos del vino. «Somos servidores de la mesa», afirmó. «No somos fanáticos del vino». Esa distinción es importante. El servicio, la comunicación, la etiqueta, la resolución de problemas, el conocimiento de las bebidas y el criterio en materia de hospitalidad constituyen el núcleo del sistema de la ASI.
Pero la ASI también reconoció que el Diploma de Sommelier ASI por sí solo no podía satisfacer las necesidades de la profesión a nivel mundial. En muchos países, resultaba simplemente demasiado avanzado como punto de partida.
Esa constatación llevó al desarrollo de la Certificación 1 de ASI, lanzada en 2021. Desde su introducción, se han graduado 773 candidatos, con más de 1000 participantes estimados de 40 países. Incluso con cifras de participación aproximadas, la magnitud es impresionante. La Certificación de ASI 1 se ha convertido en un importante primer punto de referencia para los sommeliers que buscan un estándar reconocido internacionalmente al inicio de su trayectoria.
El siguiente paso llegó con la Certificación de ASI 2, lanzada en 2023. Ya se han presentado al examen 204 participantes de 21 países, de los cuales 84 se han graduado. Se trata de una sólida aceptación inicial para una titulación más reciente y sugiere que las asociaciones nacionales están adoptando cada vez más el marco de la ASI, no solo para los candidatos de élite, sino también para dotar de mayor profundidad a sus propias comunidades de sommeliers.
En conjunto, estas cifras apuntan a uno de los avances más importantes en la sommelier moderna: la profesión se está globalizando y sus estándares son cada vez más accesibles.
Esa accesibilidad no se refiere solo al precio, aunque el coste es importante. Ridon señaló que uno de los grandes puntos fuertes de la ASI es su estructura sin ánimo de lucro. El Comité de Exámenes y Educación está impulsado por voluntarios, cuyos miembros dedican cientos de horas de trabajo a diseñar, evaluar y mejorar el sistema. Esto ayuda a mantener los costes a un nivel muy inferior al de muchas otras acreditaciones prestigiosas del mundo del vino.
También tiene que ver con el idioma.
Una de las revoluciones silenciosas dentro de la formación de la ASI ha sido la ampliación de los exámenes más allá de los idiomas clásicos dominantes. Ridon señaló el trabajo realizado en portugués, alemán, ruso, coreano y otros idiomas, con un mayor desarrollo en marcha. Esto es más que un detalle operativo. Es un compromiso filosófico con la inclusividad.
Un gran sumiller puede necesitar ser multilingüe en algunos contextos, pero el talento no debe excluirse simplemente porque un candidato no provenga de un entorno en el que predomine el inglés o el francés. El modelo de ASI reconoce cada vez más que la excelencia en el servicio y la hospitalidad puede surgir en cualquier lugar.
Este cambio global se refleja en la competición. La vieja suposición de que los mejores resultados en sommelier siempre provendrían de un grupo predecible de países ya no se sostiene. Letonia y Estonia han dado campeones de talla mundial. Sudáfrica sigue en ascenso. Se aprecia una nueva energía en países de Asia, África y América Latina. Lo que la ASI ha construido a través de la formación y la certificación forma parte de ese mismo movimiento: una profesión global más amplia y democrática.
Es importante destacar que ASI no posiciona sus credenciales como una rivalidad frente a cualquier otra forma de formación enológica. En cambio, ofrece algo distinto: un referente centrado en el sumiller, moldeado por las asociaciones nacionales y enfocado en las realidades del servicio. Esa distinción es importante en un mundo en el que las titulaciones enológicas pueden ser muy respetadas, pero no siempre están diseñadas específicamente en torno al papel diario del sumiller.



